Contigo, mano a mano busquemos otros prados y otros ríos, otros valles floridos y sombríos, donde descanse, y siempre pueda verte ante los ojos míos, sin miedo y sobresalto de perderte.
Estoy muriendo, y aun la vida temo; témola con razón, pues tú me dejas; que no hay, sin ti, el vivir para que sea.
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No me podrán quitar el dolorido sentir, si ya primero no me quitan el sentido.
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Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma mismo os quiero.
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Más a las veces son mejor oídos el puro ingenio y lengua casi muda, testigos limpios de ánimo inocente, que la curiosidad del elocuente.