No sirve de mucho decir ideología dominante, pues es un pleonasmo: la ideología no es otra cosa que la idea en tanto que domina. Pero yo puedo enriquecerlo subjetivamente y decir: ideología arrogante.
Estrechez de espíritu: en realidad no admito nada del otro, no comprendo nada. Todo lo que, del otro, no me concierne, me parece extraño, hostil; experimento entonces respecto de él una mezcla de pavor y de severidad: temo y repruebo al ser amado, desde e
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A fuerza de mirar, uno se olvida de que puede ser también objeto de miradas.
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A menudo se sentía estúpido: es porque sólo poseía una inteligencia moral es decir: ni científica, ni política, ni práctica, ni filosófica, etc..
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La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda -y no de quien parte-: yo, siempre presente, no se constituye más que ante tú, siempre ausente.