Aquí ha empezado para mí lo que llamaré la efusión del sueño en la vida real. A partir de este instante, todo tomaba a veces un aspecto doble -y esto, sin que al razonamiento faltara lógica jamás, sin que la memoria perdiera los más ligeros detalles de lo
Existe una tonada por la que yo daría todo Mozart, Rossini y todo Weber, una vieja tonada, languideciente y fúnebre que me trae a mí solo sus secretos encantos. Cada vez que la escucho mi alma se hace doscientos años -es sobre Luis Trece- más joven.
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La ignorancia no se aprende.
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El sueño es una segunda vida.
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Mi única estrella ha muerto y mi laúd lleva el sol negro de la melancolía.