Hay un arte de anochecer. De la entrada del cuerpo al alma, de la niebla a la redondez y del círculo al cielo.
Hago el amor bajo la sombra de escorpión. Cuando las voces del abismo callan una miseria imperfecta sube por el cuerpo me azota. Las palabras del poema quiebran.
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Una palabra nos encierra. El viento pule en ella. El fuego. El mar también.
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No han llegado palabras sino actos al poema. ¿Cómo hago yo: recojo lenguaje o actos, los combino?
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Comienzo la creación en un instante del poema separo tinieblas. Me creo a mí mismo.