Arremetió hacia arriba, animado por el autoaborrecimiento. Y entonces – vieja alquimia del cerebro y de su inmensa farmacópea – el odio fluyó hacia sus manos. Justo antes de enterrar el aguijón del Kuang en la base de la primera torre, alcanzó un nivel de
Hasta que abrieron los ojos, todos simultáneamente; las membranas se deslizaron hacia los lados y mostraron la extraña calma de los habitantes de la más oscura fosa oceánica.
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Sólo en determinados estados de ánimo, un individuo ... llegaría a conocer los aspectos más dolorosos de la autoconciencia.