A veces los pensamientos nos consuelan de las cosas, y los libros de las personas.
Hay pensamientos que no necesitan cuerpo, forma, espejo, expresión, etcétera. Para mostrarlos o para que se escuchen, basta con nombrarlos vagamente o con susurrarlos. Desde la primera palabra los escuchamos, los vemos.
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No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
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