Cobíjame en tus manos cariñosas y ampárame en tus besos.
Hay quienes requieren un poema para saberse amados. Nosotros ya nos sabíamos amados y, sin embargo, allí estaba el poema.
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No me prives del arte de aprender a quererte, no me quites la magia de habitar en tu piel, pues mis labios de niña, sin tus labios de hombre, no serían capaces de besar otra vez.
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Te quiero de lunes a domingo aún esos días en que no digo: te quiero.
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Mas, si existiera el camino de olvidarte, yo voy siguiendo el camino de quererte.