Pero te inclinas... La cascada entera cae de tus rizos luengos y espesos... ¡Escóndeme en tu negra cabellera y déjame morir bajo tus besos!
Hay un cielo, mujer, en tus brazos; siento de dicha el corazón opreso... ¡Oh! ¡Sosténme en la vida de tus brazos para que no me mates con tu beso!