Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores.
La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.
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A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.
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Atreveos: el progreso solamente se logra así.
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Burgueses, arribistas que sacan la escalera tras ellos y no dejan subir al pueblo.