La arquitectura es una mezcla paradójica de poder e impotencia
La arquitectura ha sido siempre una profesión moralista y arrogante. Eso de que nosotros lo hacemos todo bien, pensando lo mejor para el mundo. Y siempre he considerado que era un aspecto muy desagradable de la profesión
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Si uno no cambia, no evoluciona y termina por dejar de pensar.
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Cualquier proyecto arquitectónico que hacemos toma por lo menos cuatro o cinco años, por lo que cada vez más existe una discrepancia entre la aceleración de la cultura y la lentitud de la arquitectura
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La arquitectura es una profesión peligrosa