Nadie comprende a nadie. Carecemos de tiempo para observar a los demás y entender sus actos; no tenemos tiempo más que para hablar mal de ellos.
La democracia acaso deba entenderse así: los vicios de unos pocos puestos al alcance de todos.
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Los hombres se quejan de la injusticia y el abuso hasta que son capaces de ganar fuerza. Una vez que este poder está en sus manos, lo usan si es necesario para la comisión de injusticias y abusos.
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La libertad y la salud se asemejan: su verdadero valor se conoce cuando nos faltan.
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La desgracia de la igualdad consiste en que la pretendemos solamente con los superiores a nosotros.