La iglesia no es rica ni quiere serlo; no busca privilegios; sólo aspira a disponer de los recursos suficientes para desarrollar la misión que el Señor le ha encomendado.
La familia es como el vino de solera. Es uno de los servicios seguros que la Iglesia puede ofrecer a la sociedad, porque el matrimonio y la familia son centros neurálgicos de la sociedad.
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Las ayudas que reciben con una mano las entregan con otra.
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Recuerdo que, a la muerte de Pío XII, nos decíamos: ¿quién podría alcanzar sus cotas de sublimidad y trascendencia? Entonces vino Juan XXIII, un anciano regordete y bajito que al sentarse mostraba los pantalones debajo de las vestiduras sagradas. ¡Y ese h
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Tengo mis raíces en esta tierra. Y todos sabéis que para que un árbol se mantenga vivo y dé frutos tiene que tener bien arraigadas sus raíces en tierra fecunda.