Admito que es preciso ser virtuoso para ser feliz, pero añadiré que se necesita ser feliz para ser virtuoso.
La felicidad de este mundo me recuerda siempre el estado de esos asmáticos que no pueden reír con fuerza sin toser súbitamente.
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Es tan difícil equivocarse consigo mismo como tener razón con los demás.
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Hacemos las reglas para los demás y las excepciones para nosotros mismos.
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La mayor parte de las mujeres sólo quieren al hombre por su vigor físico y por su debilidad moral.