A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
La flor muere entregando sus perfumes al céfiro; a la vida y al sol, éstos son mis adioses; ahora muero y mi alma cuando expiro se exhala como un triste sonido lleno de melodía.
Imágenes
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Amé, fui amado: basta para mi tumba.
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Apóyese sobre el obstáculo y láncese más lejos.
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Con sus tendones de hierro nos aprisiona el hábito día tras día.