Sin conocimiento de uno mismo no hay conocimiento de Dios.
La mente del hombre es como una tienda de idolatrías y supersticiones.
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Hay que recordar que el diablo tiene sus milagros, también.
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La tortura de una mala conciencia es el infierno de un alma viviente.
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Nadie está excluido de pedir a Dios, la puerta de la salvación está abierta para todos los hombres.