Nadie puede saber por quién es amado, cuando la suerte le favorece.
La naturaleza rompió el molde, después de hacerlo.
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Se desea más lo que nos está más vedado.
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Todos debemos auxiliar a nuestro prójimo, porque las buenas acciones raras veces quedan sin recompensa, y aun en el caso de no obtenerla, al menos su práctica no puede causar la muerte, ni perjuicio, ni ignominia.
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Feliz aquel que aprende a ser prudente a expensas de los demás.