Nadie puede fijar su propio sueldo en el sector público. Si somos capaces de incluirla en la Constitución, habremos dado un gran avance en justicia e igualdad.
La política, bien entendida, se parece más al comercio que a la guerra. Tiene más de competencia que de confrontación. Necesita la concertación de voluntades. A mediano plazo, el juego limpio resulta más redituable que el golpeteo. La solidaridad vale más
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El poder de compra de la gente no aumenta con mercadotecnias mamonas como el Buen Fin. Aumenta mejorando los ingresos familiares para que sean dignos. Garantizarlos es su obligación constitucional.