No es verdad que el pueblo que sea sea incapaz de gobernarse a sí mismo si se encuentra una forma conveniente para que exprese su voluntad.
Las más terribles desgracias de la humanidad se debieron siempre al despotismo individual, nuestro más crueles infortunios tuvieron también el mismo origen.
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La opinión pública, tan respetada y tan invocada, no es otra que la opinión del pueblo.
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Los más humildes, los menos preparados, algo piensan y algo juzgan.
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¿Qué las masas son incapaces para juzgar y adoptar resoluciones acertadas? Renunciemos entonces a la democracia.