El secreto de poner en ridículo a las personas reside en conceder talento a aquellos que no lo tienen.
Las monjas y las mujeres casadas son igualmente infelices, pero de distinta forma.
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Hay dos cosas que siempre hacen hablar: el coraje y la vanidad.
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La grandeza y el amor son como los perfumes; los que los llevan apenas los sienten.
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Hay una estrella que nos une por encima de las almas comunes, a pesar de la edad y mundos diferentes.