Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia.
La victoria y el fracaso son dos imposibles, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén.
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Entrometerse en el desatino del hombre es siempre una faena muy ingrata.
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Hay dos cosas más grandes que todo lo demás. La primera es el amor y la segunda la guerra... Y como no sabemos en que va acabar la guerra, vida mía, hablemos de amor...
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La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.