Sacrificio es no renunciar a las cosas, sino dar a Dios con alegría lo mejor que tenemos.
La vida eterna no es un don de Dios, sino el don de Dios, es decir, Dios mismo.
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La oración es simple, tan simple como un niño que le dice lo que quiere a sus padres.
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El dolor quema mucha superficialidad.
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La fuerza de la vida no está en la certeza de que podamos hacer la cosa, sino en la perfecta certeza de que Dios las hará.