¡El arte es el peor enemigo del arte!.. un fetiche ante el que se ofician, arrodillados, quienes no son artistas.
Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta dejo absurdo, pero aunque Dios reencarnado en algún sacamuelas nos obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes, la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla.
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Los únicos brazos entre los cuales nos resignaríamos a pasar la vida son los brazos de las Venus que han perdido los brazos.
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No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.