La maternidad No se trata sólo de llevar nueve meses y de dar a luz seres sanos de cuerpo, sino de darlos a luz espiritualmente. Es decir, no sólo de vivir junto a ellos, con ellos, sino ante ellos. Creo más que todo en la fuerza del ejemplo.
Lo que desde ya sabemos afirmar de América es que estamos enamorados extrañamente de ella. Y ese amor, como todo gran amor, es una prueba. Prueba que arroja sobre nuestras incapacidades e imperfecciones una luz resplandeciente y cruel.
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En el momento en que lo vi de lejos, su presencia me invadió...sólo nos saludamos esa noche, entre mucha gente. Pero yo lo miré como si temiera no volverlo a ver.
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Mi alma está hecha de luz y tinieblas. No sabe de brumas