Lo que más irrita a los orgullosos es el orgullo de los demás
Dios hizo el campo, y el hombre la ciudad.
Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado.
El egoísta construye sobre él los principios de la vergüenza y la culpabilidad.
El dolor es, él mismo, una medicina.