La raza judía era como yo la sospechaba, como la tenía en la imaginación, como la había leído en Shakespearenotas 1 y otros poetas.
Los amores vulgares necesitan el miedo para alimentarse, para no decaer.
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Más de Pedro Antonio de Alarcón
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La muerte es el puerto de todos los dolores.
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Pero lo vi... Mi espíritu sin calma era ya de tu espíritu un reflejo... Toda mi alma se espació en tu alma, y en ella viose como en claro espejo.
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El que va tras flores halla espinas. El que va tras espinas halla flores.