Los niños nacen ateos; ellos no tienen idea de dios.
Los grandes talentos alarman e intimidan a los incapaces, y no tienen la docilidad que se requiere para agradar a los hombres justos.
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La afabilidad y la indulgencia verdadera son frutos raros de la reflexión, de la experiencia y de la razón
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¿Qué confianza puede tenerse ni qué protección encontrarse en leyes que dan lugar a trampas y enredos interminables, que arruinan a los pleiteantes, engordan a los curiales y facilitan a los Gobiernos el cargar impuestos y derechos sobre las disensiones y
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La traición supone una cobardía y una depravación detestable.