Su ejemplaridad fue máxima cuando creyó que resistir en la Moncloa era un mal servicio a España. Su decisión no fue hija de la desgana de poder, porque en pocas personas se habrá dado tanta y tan noble ambición de Gobierno como en Adolfo Suárez.
Los hombres carismáticos pueden modificar con su peso la exacta geometría de las instituciones democráticas, como las grandes masas deforman la geometría del espacio en las ecuaciones de Einstein.
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Echo de menos todos los días a Felipe González. El PSOE era entonces un partido de Estado y con sentido de la responsabilidad.
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Creo que ha gobernado durante muchos años bien, con errores, sobre todo al final, que le han costado la Presidencia.
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Es preocupante que este Gobierno diga que la Transición no vale y que hay que hacer otra. Es un error de gente joven imprudente e ignorante creer que cada veinte años se pude andar rehaciendo las estructuras básicas de España.