... a decir verdad Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas.
Los ojos consumidos por las injusticias se entretienen abyectos en todo aquello por cuanto han rogado durante mucho tiempo, en el último, el verdadero ruego al fin, el que nada pide.
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Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante, uno aprende, se enriquece, saborea su felicidad.
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Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
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Empleo las palabras que me has enseñado. Si no significan nada, enséñame otras. O deja que me calle.