El hombre es el verdadero creador de su destino. Cuando no está convencido de ello, no es nada en la vida.
Los pueblos viven sobre todo de esperanzas. Sus revoluciones tiene por objeto sustituir con esperanzas nuevas las antiguas que perdieron su fuerza.
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Cuando el error se hace colectivo adquiere la fuerza de una verdad.
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Para progresar no basta actuar, hay que saber en qué sentido actuar.
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Las voluntades débiles se traducen en discursos; las fuertes, en actos.