Con la pena extrema uno también puede sentirse bien. Lo peor, tal como pensaba Máximo, son los estados intermedios, los entreactos, el aburrimiento, los domingos que se eternizan.
Me esperan aquí largos inviernos helados y la azarosa geometría de la blancura. Yo vivo aquí emboscado, como si practicara la natación en un gélido mar sin fondo en el centro de la tierra. Y soy como aquel bandido walseriano que se diluía y ocultaba tanto
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La vida, a la hora de destrozarnos, tiene la terca paciencia de la marea.
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Dejadla tranquila, ella se marchará como vino .
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Creo que suelo entenderlo todo excepto lo más simple.