Puedo estar en guardia contra mis enemigos, ¡pero Dios me libre de mis amigos!
Me gusta ver crecer las flores, pero cuando se cortan dejan de agradarme. Las considero entonces objetos desarraigados y perecederos; su semejanza con la vida me entristece. Jamás regalo flores a aquellos que amo; jamás deseo recibirlas de un ser querido.
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Si queremos construir sobre un fundamento seguro la amistad, debemos amar a los amigos por su bien y no por el nuestro.
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Dios no me dio mi vida para que la malgastara”
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Evito mirar hacia adelante o hacia atrás, y tratar de seguir mirando hacia arriba.