Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito.
Mejor se puede disculpar el que se muere de miedo, que el que de miedo se mata: porque allí obra sin culpa la naturaleza; y en éste, con delito y culpa, el discurso apocado y vil.
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Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.
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Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado.
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La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió.