Alejad a la juventud de las tabernas y de las plazas de toros.
Me llaman místico, Don Miguel, y yo le digo: hay místicos laicos, no se equivoque, pues no es patrimonio de nadie ver el alma alterada por la belleza o despedazada por el dolor.
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Aunque perdí la fe durante el destierro no he dejado de sorprenderme a cada paso, con la más mínima señal de vida.
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Ni el nacionalismo ni el clericalismo han aportado nada a esta tierra..
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Mi patria empieza en mí y acaba en ninguna parte.