Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.
Mientras bebemos y nos coronamos de rosas, y demandamos perfumes y mujeres, la vejez se desliza sin ser notada.
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El hombre feliz es más raro que un cuervo blanco.
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El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca.