Estás en mí, como latido ardiente, en mis redes de nervios temblorosos, en mis vetas de instintos borrascosos, en los mares de insomnios de mi frente.
Sobre tus ojos dormidos dejo mis ojos cerrados para dormir con tu sueño y salir de ti, contigo, por los remansos del aire, por los espacios sin tiempo.
Soy tuyo, madre tierra: me invade el parentesco inevitable y hondo de tu ritmo en mi sangre, porque pese a mi miedo, a mi apego a la vida, hay algo en mis adentros que espera y desespera por regresar a ti...