Chile le cuesta al Imperio la flor de mis guzmanes.
Mucho erré en no matar a Lutero, y si bien lo dejé por no quebrantar el salvoconducto y palabra que le tenía dada, pensando de remediar por otra vía aquella herejía, erré, porque yo no era obligado a guardarle la palabra, por ser la culpa de hereje contra
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Hablo latín con Dios, italiano con los músicos, castellano con las damas, francés en la corte, alemán con los lacayos e inglés con mis caballos.
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El hombre es tantas veces hombre cuanto es el número de lenguas que ha aprendido.
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La razón de Estado no se ha de oponer al estado de la razón.