A orillas del lago de Texcoco floreció el milagro. Pinceles que no eran de aquí abajo, dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos respetaría maravillosamente.
Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra.
Imágenes
Más de Pío XII
-
-
La salvación de muchos depende de la oración de pocos.
-
Los padres deben ser los primeros amigos de los hijos.
-
Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso, o al menos dudoso, aquello que no desearían que fuese verdadero.