A veces los pensamientos nos consuelan de las cosas, y los libros de las personas.
No deseamos que los libros nos vuelvan mejores, sino más felices que aquellos que los hicieron; que tengan carne y sangre, ingenio y alma. Odiamos -o, cuando menos, ya no sabríamos admirar- los talentos puros.
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No hay que elegir por esposa sino a la mujer que uno elegiría por amigo si fuera hombre.
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Es imposible volvernos instruidos si sólo leemos lo que nos gusta.
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Aquel que tiene imaginación, pero carece de conocimientos, tiene alas, pero no tiene pies.