Los niños nacen ateos; ellos no tienen idea de dios.
No existe el azar, ni nada fortuito en una naturaleza en la que no hay efecto sin causa suficiente y donde todas las causas actúan según leyes fijas, seguras, que dependen de sus propiedades esenciales así como de las combinaciones y de las modificaciones
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La afabilidad y la indulgencia verdadera son frutos raros de la reflexión, de la experiencia y de la razón
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¿Qué confianza puede tenerse ni qué protección encontrarse en leyes que dan lugar a trampas y enredos interminables, que arruinan a los pleiteantes, engordan a los curiales y facilitan a los Gobiernos el cargar impuestos y derechos sobre las disensiones y
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La traición supone una cobardía y una depravación detestable.