Cada uno somos un desierto.
No hay más camino, para aprender a amar, que el conocimiento de sí mismo, que esa mirada sin ilusión que, a través de nosotros mismos alcanza a toda la humanidad miserable.
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La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.
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La gentileza siempre es un signo de traición.
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El arte de vivir es sacrificar una pasión baja por otra mas alta