A medida que el hombre exterior se destruye, el hombre interior se renueva.
No hay que dejar al juicio de cada quien el conocimiento de su deber; hay que señalárselo, no dejarlo escoger; si no, según su imbecilidad y la variedad infinita de nuestras razones y opiniones, nos forjaríamos deberes que nos llevarían a comernos unos a
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A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo no tenga la culpa.
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Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable.
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¡Buena almohada la duda para la cabeza bien equilibrada!