Tú, cuyo silencio arrulla las aves,
No mires, amor, mis alas, ni mi balsámica piel, mira entre mis cicatrices, pues allí inicié el vuelo que ahora te deslumbra.
No mires, amor, mis alas, ni mi balsámica piel, mira entre mis cicatrices, pues allí inicié el vuelo que ahora te deslumbra.