Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía.
Nuestras dudas son traidores que con frecuencia nos hacen perder el bien, que habríamos podido ganar, con el temor de intentarlo.
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Antes que nada ser verídico para contigo mismo. Y así, tan cierto como que la noche sigue al día, hallarás que no puedes mentir a nadie.
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Asume una virtud si no la tienes.
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Con el cebo de la mentira se pesca una carpa de verdad.