Se dijo, pero no se escuchó. Se escuchó, pero no se entendió. Se entendió, pero no se aceptó. Se aceptó, pero no se llevó a la práctica. Se llevó a la práctica, pero ¿por cuánto tiempo?
Nuestro amor al prójimo se diluye tanto con las masas de los semejantes adyacentes, con los demasiado cercanos, que al final ya no quedan ni rastros de él.
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Nosotros somos el eslabón perdido, tanto tiempo buscado, entre el animal y el hombre auténticamente humano.
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Yo creo que el hombre civilizado del presente sufre de insuficientes descargas de su instinto de agresividad.
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Los historiadores deberán aceptar que la selección natural determinó la evolución de las culturas de la misma manera que lo hizo con las especies.