Aunque la cadena es larga, cada eslabón suena a cosa cierta.
Nunca adivino. Se trata de un hábito destructivo que choca con la lógica del profesional.
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Donde no hay imaginación, no hay horror.
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Las mujeres son secretistas por naturaleza, y les gusta practicar el secreto por su cuenta.
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No sirve de nada alimentarse de esperanzas y después desengañarse.