Si no puedes hacer el bien, por lo menos no hagas daño.
Nunca, ni siquiera ante un ruego, administraré algún veneno letal como tampoco daré consejo para eso; nunca daré a mujer alguna supositorio para que aborte. del El juramento de Hipócrates en la obra La historia del aborto por Robert Jütte, pp 33, según la
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Las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros son las que verdaderamente curan las enfermedades.
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Los hombres deberían saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones.
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Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina.