Con la pena extrema uno también puede sentirse bien. Lo peor, tal como pensaba Máximo, son los estados intermedios, los entreactos, el aburrimiento, los domingos que se eternizan.
Nunca tuve suerte con las mujeres, soporto con resignación una penosa joroba, todos mis familiares más cercanos han muerto, soy un pobre solitario que trabaja en una oficina pavorosa. Por lo demás, soy feliz.
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La vida, a la hora de destrozarnos, tiene la terca paciencia de la marea.
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Dejadla tranquila, ella se marchará como vino .
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Creo que suelo entenderlo todo excepto lo más simple.