El valor de las opiniones se ha de computar por el peso, no por el número de las almas. Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes. ¿Qué acierto, pues, se puede esperar de sus resoluciones?
Para quien ama la lisonja, es enemigo quien no es adulador.
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Para computar la felicidad de cada uno no se han de considerar los bienes que posee, sino el gozo que de su posesión recibe
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Sólo los que saben poco quieren mostrar en todas partes lo que saben
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La sospecha debería inducir al examen, nunca a la decisión.