... a decir verdad Dios no parece necesitar razones para hacer lo que hace y para omitir lo que omite, al igual que sus criaturas.
Porque no saber nada no es nada, no querer saber nada tampoco, pero lo que es no poder saber nada, saber que no se puede saber nada, este es el estado de la perfecta paz en el alma del negligente pesquisidor.
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Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante, uno aprende, se enriquece, saborea su felicidad.
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Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
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Empleo las palabras que me has enseñado. Si no significan nada, enséñame otras. O deja que me calle.