Con la pena extrema uno también puede sentirse bien. Lo peor, tal como pensaba Máximo, son los estados intermedios, los entreactos, el aburrimiento, los domingos que se eternizan.
Porque también es bien sabido que tanto Dios como el diablo han mostrado últimamente con creces, no tener nada de perfectos y sí mucho de torpes, se les ve a menudo llegar tarde al teatro de sus operaciones.
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La vida, a la hora de destrozarnos, tiene la terca paciencia de la marea.
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Dejadla tranquila, ella se marchará como vino .
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Creo que suelo entenderlo todo excepto lo más simple.